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Aquelarre (Argentinian prog rock band)

band AR

Aquelarre fue una banda argentina de rock formada en 1971 por Rodolfo García (batería y voz), Emilio del Guercio (bajo y voz), Hugo González Neira (teclados y voz) y Héctor Starc (guitarra y voz), en la que dos de sus integrantes, exmiembros de Almendra, Rodolfo García y Emilio Del Guercio, aportaron una base rítmica muy sólida, complementada con el sonido vertiginoso e impactante en la guitarra de Héctor Starc y el teclado blusero de Hugo González Neira. En 1970, tras la separación de Almendra, su baterista, Rodolfo García, le propuso al guitarrista Héctor Starc crear una nueva banda. La formación de dicha banda se completaría con otro exintegrante de Almendra, el bajista y cantante Emilio Del Guercio, con quien empezaron a ensayar ese mismo año. Por entonces, Starc participaba de otro proyecto, el Héctor Starc Trío, del que eran parte Black Amaya y Machi Rufino. Previo a eso, se había hecho una reputación en las zapadas, ganándose su famoso apodo de "Bola de Ruido", según la Revista Pelo, "una adjetivación que le endilgaron por su insistente, tumultuosa forma de tocar". Como trío aun sin nombre se presentaron en junio en el ciclo de Música Beat, en el teatro IFT. Al poco tiempo participaron en un evento en el Parque Lezama, organizado por el Centro de Artes y Ciencias, llamado Recital de las Antorchas, que terminó con una intervención policial. En septiembre se presentaron en el teatro Margarita Xirgu bajo el nombre de rock Experimental con músicos invitados, entre los que se contaba Hugo González Neira, quien había trabajado junto a Litto Nebbia. A partir de ahí, Hugo pasó a integrar el grupo a cargo de los teclados. Quedó así conformado un grupo cuyos cuatro integrantes componían y cantaban. Las letras y la voz de Emilio del Guercio San Martín evocaba los mejores momentos de Almendra. Y el canto bluseado del tecladista González Neira le daba a Aquelarre un colorido especial. En 1971, durante la segunda edición del B.A. rock, Starc brindó conciertos junto a sus dos grupos, aunque su proyecto junto a García, Del Guercio y González Neira todavía no tenía nombre. Aun así, su actuación fue tan comentada en los ambientes hippies de la época que los colocó en la primera plana del rock nacional, lugar que confirmaron al cerrar el año con un recital en el cine Pueyrredón de Flores junto con Spinetta, Edelmiro Molinari y Gabriela. En ese recital, el 18 de diciembre, el grupo ya se llamaba Aquelarre. "Aquelarre, su música puede ser la gran revelación, no sólo de un nuevo sonido, sino de una flamante etapa de maduración y seriedad dentro del rock argentino." El 17 de marzo de 1972 el cuarteto se presentó por primera vez bajo el nombre Aquelarre, en el Teatro Lorange de Buenos Aires. Poco después editarían su primer disco, Aquelarre. Un disco compuesto por 6 temas con una duración cercana a los 40 minutos en total. Los temas son extensos, con densos e intrincados desarrollos instrumentales. La guitarra Gibson Les Paul distorsionada de Héctor Starc le dan el tono distintivo al trabajo. La reseña de la Revista Pelo fue inmejorable: Todo el disco respira un aire de prolijidad (por momentos excesivo seamos sinceros), pero una prolijidad no demasiado habitual dentro de la progresiva local. No por eso perdieron el alma, un toque de pasión —amor que se trasluce en las letras: desde la naturalidad de "Cantemos tu nombre" al surrealismo hermético pero filtrable de "Canto". En general la temática del álbum traspasa la barrera de la experiencia íntima, personal (muchas veces desenfocada) de los intérpretes, para ubicar el mundo de los amigos, de la infancia, del compromiso, en definitiva de la objetiva realidad circundante de un coetáneo de hoy. Las labores individuales son difíciles de destacar o valorizar en una formación compacta como la que Aquelarre está logrando. Segura-mente llamará la atención por lo nuevo el clavicordio de González Neira (desde Ciro Fogliatta probablemente el mejor tecleador argentino), pero no es menos eficaz la feliz conbinación rítmica que por momentos logran Del Guercio y Starc, ya anticipada en las zapadas que realizaron juntos aún antes de formar Aquelarre. García es quizás el más pulcro y meticuloso de los cuatro: una batería precisa, desapercibida cuando tiene que serlo y presente con todo en los momentos de fuerza. Este disco es muy importante para la consolidación de Aquelarre como grupo y como imagen necesaria dentro del rock, pero seguramente es más importante para el movimiento en general, mucho más allá de que haya opiniones contrarias o no demasiado entusiastas; su importancia se va a comprobar con el tiempo. Así como algunos años atrás hubo grupos que señalaron un camino. Aquelarre puede llegar a hacerlo también y quizás con más claridad en un ya necesario segundo long play. Los trabajos esbozados en este primer álbum dan la sensación de que el grupo no se termina allí, o que tiene que esperar un tiempito para madurar nuevas cosas. Son seis temas y el oyente esperaría tres o cuatro más. El grupo posee un repertorio más amplio, quedó demostrado en los recitales. Pero en las grabaciones parecen crecer, multiplicarse en la creación. Quizás por el esmerado trabajo que realizaron en los estudios, meticulosidad que ya fue comentada en números anteriores. Esa técnica es probable que arrastre opiniones a enjuiciar cierta frialdad en la música que transmite el disco. Si se lo separa en porciones puramente académica es probable esa conclusión. Pero el resultado total de lo hecho, el sentimiento del long play rebasa con autenticidad esos límites. Es indudable que estamos caminando por otros caminos, que son una herencia de los errores del pasado, y un resultado del refinamiento de ciertos resortes. La confección del álbum por ejemplo (una doble tapa impresa en negro) demuestra imaginación sin efecticismo y un sentido poco usual de lo necesario sin ostentación de fotos, ni colores de super estrellas. Todo indica que estamos transitando por una nueva etapa en el rock: por los grupos, los recitales, los discos como éste. Pero eso es un reflejo de que existe una vocación general por cambiar la cosa. Ellos también lo dicen: Oigan, vayamos a luchar, la historia se murió." Revista Pelo, abril de 1972. Décadas después, a partir de las reediciones en CD primero, y posteriormente la digitalización y las plataformas de streaming, fenómenos todos que hicieron despegar el disco de su carácter de "rock nacional argentino" y lo hicieron accesible a oyentes de todo el mundo, terminó convirtiéndose en un trabajo de culto, especialmente para los fans del rock psicodélico. Internacionalmente se lo valora como un disco de gran calidad surgido en un país y en un momento en el que los músicos no contaban con mucha información, y aun así su sonido resulta comparable a obras de rock de vanguardia del mundo anglosajón o de la Europa continental. La página especializada Prog Archives describe su música como "un sofisticado rock'n'roll psicodélico con momentos impresionistas, arreglos artísticos y motivos surrealistas"" y los miembros del foro lo calificaron con 4.01 estrellas (sobre un puntaje máximo de 5). A mediados de año, los Aquelarre se habían juntado con Litto Nebbia, Color Humano y Gabriela con la intención de crear una productora independiente, A.M.A.R., (Agrupación de Músicos Argentinos de rock), donde trabajaban todos democráticamente para organizar recitales y manejar la prensa. El resto de aquel año de 1972 Aquelarre fue ganándose un creciente número de seguidores hasta el punto de llenar cada uno de sus conciertos y grabar un segundo disco sólo seis meses después del primero. Dicho álbum, llamado Candiles, fue recibido de manera entusiasta por la prensa especializada. No está tan orientado al sonido "heavy - psicodélico" como el debut, sino más al rock progresivo. Puede decirse que la diferencia está en la base de las composiciones: mientras en el disco homónimo, todo se construía a partir de la guitarra explosiva de Héctor Starc, en

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