Cecilia (artist name of Spanish singer-songwriter Eva Sobredo)
Cecilia de Roma, más conocida como santa Cecilia (en latín, Sancta Caecilia), según el Martyrologium hieronymianum, fue una noble romana, convertida al cristianismo y martirizada por su fe en una fecha no determinada, entre los años 180 y 230. Los católicos celebran su memoria de manera obligatoria el 22 de noviembre, e incluyen su nombre en una de las plegarias eucarísticas de la misa —la plegaria eucarística I—. Los ortodoxos también la conmemoran en la misma fecha. En la Iglesia católica, es patrona de la música, de los poetas, de los ciegos (junto con santa Lucía de Siracusa), de los municipios de Alfafara (Comunidad Valenciana, España), y Villalán de Campos (comunidad de Castilla y León) que tiene una iglesia Herrera de Valdecañas (provincia de Palencia), en dicha localidad también hay una iglesia consagrada a ella y de las ciudades de Albi (Francia), Omaha (Estados Unidos), Mar del Plata (Argentina) y del municipio de Estanzuela (Guatemala), entre otras.[cita requerida] Sus atributos son el órgano, el laúd y las rosas.[cita requerida] En honor a ella, un importante movimiento de renovación de la música sacra católica de finales del siglo XIX recibió el nombre de cecilianismo.[cita requerida] Se cree popularmente que Cecilia era una mujer noble de Roma que, junto con su marido Valeriano, el hermano de este, Tiburcio, y un soldado romano llamado Máximo, fue martirizada alrededor del año 230, bajo el reinado del emperador Alejandro Severo. Giovanni Battista de Rossi, sin embargo, sostiene que, en cambio, pereció en Sicilia bajo el mandato del emperador Marco Aurelio entre los años 176 y 180, citando el relato de Venantius Fortunatus, obispo de Poitiers (m. 600). Según la historia, a pesar de su voto de virginidad, sus padres la obligaron a casarse con un noble pagano llamado Valeriano. Durante la boda, Cecilia se sentó apartada cantando a Dios en su corazón, y por ello fue posteriormente declarada la santa de los músicos. Cuando llegó el momento de consumar el matrimonio, Cecilia le dijo a Valeriano que un ángel del Señor la custodiaba, y que este lo castigaría si la violaba sexualmente, pero lo amaría si respetaba su virginidad. Cuando Valeriano pidió ver al ángel, Cecilia le respondió que podría verlo si se dirigía al tercer mojón de la Via Appia y se dejaba bautizar por el papa Urbano I. Tras seguir el consejo de Cecilia, vio al ángel de pie junto a ella, coronándola con una guirnalda de rosas y lirios. Se dice que el martirio de Cecilia siguió al de su marido Valeriano y su hermano a manos del prefecto Turcio Almacio. Según una antigua tradición, tras recibir tres golpes de espada en el cuello, vivió tres días más y pidió al papa que convirtiera su casa en una iglesia. Cecilia fue enterrada en la Catacumbas de San Calixto y posteriormente trasladada a la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere. En 1599, se abrió su tumba y, según múltiples testigos, se comprobó que su cuerpo seguía incorrupto, y parecía simplemente estar durmiendo. Cecilia es una de las mártires romanas más famosas, aunque algunos elementos de las historias que se cuentan sobre ella no aparecen en el material original. Según Johann Peter Kirsch, la existencia de la mártir es un hecho histórico. Al mismo tiempo, algunos detalles llevan la marca de una ficción piadosa, como muchos otros relatos similares recopilados en los siglos V y VI. La relación entre Cecilia y Valeriano, Tiburcio y Máximo, mencionada en los Actas de los Mártires, tiene algún fundamento histórico. Su festividad se celebra desde aproximadamente el siglo IV. No hay mención de Cecilia en la Depositio Martyrum, pero existe constancia de una antigua iglesia romana fundada por una mujer de este nombre, Santa Cecilia en Trastevere. La referencia histórica más antigua sobre Cecilia se encuentra el Martyrologium hieronymianum, lo que indica que en el siglo IV la Iglesia romana ya la conmemoraba. En este martirologio, el autor menciona su nombre el 11 de agosto, que es la fiesta del mártir Tiburcio. Pero evidentemente se trata una adición equivocada y tardía, debido al hecho de que este Tiburcio, que fue enterrado en la vía Labicana, fue identificado erróneamente con Tiburcio, el cuñado de Cecilia mencionado en las Actas de santa Cecilia. En el mismo martirologio se la menciona el 16 de septiembre, con una nota topográfica: «Appiâ viâ in eâdem urbe Româ natale et passio sánctæ Cecíliæ virginia» ("en la vía Apia de la ciudad de Roma, nació y murió santa Cecilia virgen"). El 16 de septiembre podría ser el día del entierro de la mártir. La fiesta que se menciona el 22 de noviembre, en cuyo día se celebra todavía, fue preservada en el templo dedicada a ella en el barrio romano del Trastévere. Por consiguiente, su origen probablemente se remonta a esta iglesia. Las primeras guías medievales de los sepulcros de los mártires romanos señalan su tumba en la vía Apia, al lado de la cripta de los obispos romanos del siglo III. De Rossi localizó el sepulcro de Cecilia en las catacumbas de San Calixto, en una cripta adjunta a la capilla de la cripta de los papas, un nicho vacío en una de las paredes que probablemente contenía un sarcófago. Entre los frescos posteriores que adornan la pared del sepulcro, aparece dos veces la figura de una mujer ricamente vestida, y aparece una vez el papa Urbano I (quien ―según las Actas de santa Cecilia― había tenido una estrecha relación con la mártir). Venancio Fortunato, obispo de Poitiers muerto en el año 600, en su libro Miscellánea (1.20 y 8.6) escribió que entre los años 176 y 180 (en la época del emperador Marco Aurelio) había muerto una Cecilia en la isla de Sicilia. Ado de Viena, en su Martirologio del año 858, incluye a Cecilia de Roma para el día «22 de noviembre» y sitúa el momento de su muerte en el reinado de Marco Aurelio y Cómodo (aproximadamente hacia el año 177). De Rossi (en Sotterránea de Roma, 2.147) sugiere que la declaración de Venancio Fortunato es la más segura históricamente. En otras fuentes occidentales de la baja Edad Media y en el Synaxaria griego, el martirio se sitúa en la persecución de Diocleciano (aunque se refiere probablemente a una mártir verdadera llamada Cecilia, africana, quien sufrió la persecución de este emperador, cuyo día se conmemora el 11 de febrero). P. A. Kirsch intentó fijar la fecha en el tiempo del emperador Alejandro Severo (229-230); Aubé, en la persecución de Decio (249-250), y Kellner, en la de Juliano el Apóstata (362). Ninguna de estas opiniones está suficientemente establecida, ya que las Actas de santa Cecilia (única fuente disponible) no ofrecen ninguna evidencia cronológica. La única indicación temporal segura es la localización de la tumba en la catacumba de Calixto, en inmediata proximidad a la antiquísima cripta de los papas, en la que fueron enterrados los papas Ponciano y Antero, y probablemente también Urbano I. La parte más antigua de esta catacumba fecha todos estos eventos al final del siglo II; por consiguiente, desde ese momento hasta la mitad del siglo IV es el período dejado abierto para el martirio de Cecilia: 180 a 350. En las firmas del Concilio de Roma de 499 se menciona al templo de Cecilia como títulus sánctæ Cæcíliæ. Hacia el año 480 aparecieron unas Actas de santa Cecilia anónimas, en latín, que se transmitieron en numerosos manuscritos y se tradujeron al griego. Se utilizaron en los prefacios de las misas del Sacramentarium leonianum (páginas 149-152 en referencia exclusiva a su carácter como mártir). Según este texto (las Actas), Cecilia había sido una virgen de una familia senatorial romana de los Metelos, que se había convertido al cristianismo desde su infancia. Sus padres la dieron en matrimonio a un noble joven pagano, Valerianus («Valeriano»). Cuando, tras la celebración del matrimonio, la pareja se había retirado a la cámara nupcial, Cecilia dijo a Valeriano que ella había entregado su virginidad a Dios y que un ángel celosamente guardaba su cuerpo; por consiguiente, Valeriano debía tener
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