Hélène Grimaud (French pianist)
Hélène Grimaud (Aix-en-Provence, 7 de noviembre de 1969) es una pianista francesa de música clásica. Esta pianista francesa es una de las más destacadas intérpretes de su generación. Desciende de una familia con distintos acervos culturales: por parte de padre tiene la rama judía sefardí del Norte de África, y por su madre de judíos de Córcega. Su familia cambió de apellido (de Grimaldi a Grimaud) antes de que naciera. A la edad de siete años descubre el piano y empieza su formación con Jacques Rouvier. Estudia en el conservatorio de Marsella junto a Pierre Barbizet. Es aceptada en 1982, a la corta edad de trece años, y gana el premio del Conservatorio de París. Estudió con György Sándor (alumno de Bela Bartok) y Leon Fleisher (alumno de Maria Curcio y de Arthur Schnabel) hasta 1987. Tenía quince años cuando grabó la Segunda Sonata de Serguéi Rajmáninov, una obra exuberante que requiere medios pianísticos de primer orden, una ciencia del sonido, de la organización de los planos sonoros, una idea superior de la forma y una gran inspiración para mantener la distancia. Gana el Gran Premio del Disco de la Academia Charles Cros por esta grabación. Hélène Grimaud salió victoriosa de esta primera grabación, salvando todos los obstáculos, tocando con sabio desenfreno, organizando de forma magistral esa gran forma cíclica tan difícilmente puesta de relieve por otros pianistas. Pero su carrera aún no estaba lanzada. Durante el verano de 1987, con la modestia y sentimiento de duda que caracterizan su personalidad, Hélène Grimaud corrió el riesgo de presentarse ante Jorge Bolet, que daba clases públicas de interpretación en el Festival Internacional de Piano de La Roque d'Anthéron (sur de Francia). Cuando ya la conocían los especialistas, Hélène Grimaud tocó para el gran pianista americano de origen cubano. Eligió "Après une lecture du Dante", de Franz Liszt, ante Jorge Bolet que es quizá su mejor intérprete. Quedó entusiasmado. En 1987 inicia su carrera como solista, en un recital junto a la Orquesta de París dirigida por Daniel Barenboim. Hélène Grimaud ha tenido otros encuentros altamente formadores, al frecuentar asiduamente el Festival del violinista lituano Gidon Kremer, en Lockenhaus (Austria), ha participado en numerosos festivales y conciertos en el mundo entero y tocado con los mejores directores y orquestas. Es una de las artistas más populares en Francia gracias a la sensibilidad de su forma de tocar, su espontaneidad, su capacidad para comunicar con el público, para captar su atención en cuanto sube al escenario. En los años noventa se estableció en el estado de Florida donde su novio era profesor de fagot. En 1995 debuta con la prestigiosa Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la batuta de Claudio Abbado y en 1999 con la Orquesta Filarmónica de Nueva York dirigida por Kurt Masur. Sus interpretaciones han sido alabadas por la crítica recibiendo menciones y premios, entre estos la Grabación Musical Cannes del año, el Diapason d'Or, Grand Prix du Disque y el Record Academy Prize de Japón, por su depurado estilo musical. La música romántica alemana es el corazón de su repertorio. Grimaud consigue que el repertorio tradicional suene raramente contemporáneo. Después de sus primeros discos insatisfactorios para la propia artista, Grimaud empezó a concebir sus discos como propuestas unitarias, en los que las obras que los integran mantienen algún tipo de conexión espiritual. El CD Credo tendía un arco de un siglo a otro: la Sonata op. 31 N°2 y la Fantasía coral de Beethoven quedan enmarcadas por la Fantasia on an Ostinato de John Corigliano y Credo de Arvo Pärt. En las notas al disco, explica que "la respiración de la Tempestad resuena en la Fantasía coral y en el Credo de Pärt". Por otro lado la pieza de Corigliano deriva del Allegretto de la Sinfonía N° 7. En el disco siguiente, Reflection, Grimaud se concentró en el trío amoroso y musical que formaban Robert Schumann, su mujer Clara, y Johannes Brahms. La pianista logró su registro más apreciado por la crítica, por su versión del Concierto en la menor de Schumann, que ya había grabado antes para el sello Erato. Esta nueva lectura fue definida en la revista inglesa Gramophone como "una de las más conmovedoras y explosivas". Después lanza el Concierto para piano n.º 5, "Emperador" (con Vladimir Jurowski al frente de la Staatskapelle Dresden) y la Sonata op. 101, de Beethoven en las que le interesa, más que el pathos, la dimensión intelectual de esa música. En 2013 publica su grabación de los dos conciertos de Brahms fruto de su estrecha afinidad con el compositor. Andris Nelsons dirige a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera en el Primer Concierto y a la Orquesta Filarmónica de Viena en el Segundo. Con su pasión y convicción musical, Hélène Grimaud, junto con Andris Nelsons y dos de las mejores orquestas del mundo, escala el “Everest” del repertorio concertístico para piano y orquesta. “La música de Brahms expresa la vida reducida a su esencia emocional”, dice. “Tocar el Primer Concierto equivale a verte absorbida dentro del drama mismo de la vida del joven compositor. El Segundo Concierto es como un gigantesco recuerdo: una delicada y dulce meditación”. Su último disco para Deutsche Grammophon es Agua. Combina piezas para piano de compositores del siglo XIX y XX, incluyendo a Berio, Ravel, Liszt y Debussy, y reúne dos interpretaciones de un proyecto de dos años en colaboración con el compositor y productor, Nitin Sawhney. Grimaud dice que es un álbum diseñado para ser escuchado de principio a fin. "Básicamente, se le lleva desde la última nota de Berio y que conduce a la primera nota de Takemitsu y así sucesivamente ", dice Grimaud. Las piezas discurren como el agua que se desplaza por diferentes estados de ánimo. Es un conjunto de ocho piezas, como Wasserklavier de Luciano Berio (1925-2003), Almería de Isaac Albéniz (1860-1909) y Rain Tree Sketch II de Toru Takemitsu (1930-1996), enlazadas por siete intervalos compuestos por el londinense Nitin Sawhney (1964). Barcarolle de Gabriel Fauré (1845-1924), Jeux d'eau de Maurice Ravel (1875-1937), Les jeux d'eau à la Villa d'Este de Franz Liszt (1811-1886), In The Mists de Leos Janácek (1854-1928) y La cathédrale engloutie de Claude Debussy (1862-1918), completan su selección, en la que el criterio, muy subjetivo, fue la abstracción, excluyendo piezas programáticas, como por ejemplo 'Ondine', de Ravel. Respecto a su forma de entender el instrumento comentó en 2010: "Alguien me dijo que lo interesante del piano es que "hay muchas cosas que deben suceder antes de que la música empiece a salir". Creo que eso es correcto y uno se puede distraer, lo cual también es bueno. Hay tanto que sucede en el piano, uno tiene una dimensión polifónica, las voces medias, una dimensión vertical y una horizontal y por supuesto que eso también es lo que lo hace maravilloso. Me gusta la soledad del instrumento, es como un león en la sabana, noble y solitario." De acuerdo con su afinidad con el precepto del movimiento romántico alemán, el artista debe penetrar en las profundidades de la creatividad a través de una comunión con la naturaleza. "No me gusta ver la música clásica como algo bonito, elegante, refinado y a lo que se saca brillo, me gusta porque te hace aceptar riesgos, porque implica aventura, emoción e instinto", dice. Su manera de ser y de entender la vida y el arte es una mezcla de lucha, aventura e individualismo "Todo es parte de lo mismo, todo está relacionado, la vida salvaje, con la música, son elementos del instinto y el misterio. Es lo que nos hace sentir que pertenecemos a algo más grande, algo que puede ser divino o que simplemente está dentro de nosotros y se llama alma, emoción...". "En el movimiento romántico de Alemania y en el Barroco, decían que el arte no ha inventado nada, que está recreando cosas que ya estaban en la naturaleza", añade. Como ella, afirma, muchos artistas han desarrollado esta conexión con el entorno natural para llevar
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