Lola Flores
María Dolores Flores Ruiz, conocida artísticamente como Lola Flores y con el sobrenombre de La Faraona, (Jerez de la Frontera, Cádiz, 21 de enero de 1923-Alcobendas, Madrid, 16 de mayo de 1995) fue una actriz, bailaora y cantante española. Dentro de la música, se inició en el género de copla y también en su madurez, cantó rumbas y rancheras. Interpretó más de 35 películas, muchas de ellas ambientadas en el folclorismo andaluz. Fue una de las primeras mujeres en la España de la posguerra en hablar libremente de temas considerados tabú como la violencia contra las mujeres, las relaciones extramatrimoniales y la prostitución. Se convirtió en un símbolo y un tópico de la cultura popular de una época en la España del siglo XX. También obtuvo un amplio reconocimiento en México por su participación en cintas como Reportaje (1953), ¡Ay, pena, penita, pena! (1953), La Faraona (1956) y Los tres amores de Lola (1956). Estas además le valieron para ser reconocida como una de las actrices que formaron parte de la época de Oro del cine mexicano. María Dolores Flores Ruiz nació el 21 de enero de 1923 en Jerez de la Frontera (Cádiz), en el número 45 de la calle Sol, en el barrio de gran tradición flamenca de San Miguel y a pocos metros de donde nació el gran cantaor Antonio Chacón. Era la mayor de los tres hijos del matrimonio formado por Pedro Flores Pinto (1897-1973), natural de La Palma del Condado y María del Rosario Ruiz Rodríguez (1901-1989), originaria de Sanlúcar de Barrameda. Su hermana Carmen Flores (n. en 1936 en Jerez de la Frontera) también se dedicó al mundo del espectáculo. Su hermano Manuel (n. en 1933 Sevilla) falleció con quince años de una peritonitis. Profesionalmente, cultivó su imagen de flamenca gitana con la que se sentía identificada, su ascendencia calé (gitana) procedía de su abuelo materno, Manuel, que era vendedor ambulante. En su familia, aunque no sobraba el dinero, no se puede decir que pasaran grandes necesidades. Su padre regentaba en Jerez una taberna, La Fe de Pedro Flores, y su madre era costurera. Cuando ella tenía cinco años, se trasladó junto a su familia a vivir a Sevilla, donde su padre emprendió algunos negocios y trabajó en varios bares y restaurantes. Allí asistió al colegio de las monjas de Santa Teresita y en esta ciudad nació su hermano Manuel. Algunos años después, alrededor de 1934, regresaron todos a Jerez donde continuaban viviendo sus abuelos. Estudió en Jerez baile con la artista María Pantoja, en cuyo estudio también conoció al guitarrista Sebastián Núñez, y en Sevilla a la academia del maestro Realito, en la que también se formaron bailarines de prestigio como Antonio y Rosario. Sus referencias de aquella época, a las que trataba de emular, eran Imperio Argentina y Estrellita Castro en el cine y Pastora Imperio en el baile. Desde muy joven, empezó a cantar en bautizos, fiestas privadas y en algunos espectáculos menores. Su debut oficial se produjo después de finalizada la Guerra Civil, el 10 de octubre de 1939, cuando tenía dieciséis años, en el espectáculo Luces de España con la compañía de Custodia Romero, en el teatro Villamarta de Jerez de la Frontera. En la publicidad oficial aparecía como «Lolita Flores Imperio de Jerez: joven canzonetista y bailarina». Al poco tiempo de su presentación en el Villamarta, el director de cine Fernando Mignoni, que se hallaba en Jerez buscando una actriz joven para su película Martingala, la contrató después de un pequeño casting, en el que la actriz recitó un monólogo de la película Morena Clara. Viajó a Madrid para el rodaje por el que cobró 12 000 pesetas, cantidad bastante considerable para la época para una actriz debutante. A primeros de los cuarenta, después de algunos espectáculos por Andalucía, se marchó con toda su familia definitivamente hacia Madrid en busca del éxito de la artista. Llegada a Madrid, acudió a la academia del maestro Quiroga y realizó una gira por el norte de España. En 1942, fue contratada como telonera por la Compañía de Canciones y Bailes Españoles de Mari Paz, en el teatro Fontalba de Madrid. Allí cantaba «El Lerele», que supuso un éxito que le permitió encabezar el reparto y cantar cinco números en un espectáculo derivado de este que se montó posteriormente. En 1943, junto al empresario Adolfo Arenaza, emprendió el espectáculo Zambra, en el que compartía protagonismo con Manolo Caracol, que era ya un cantaor de prestigio, al que el empresario había contratado por 500 pesetas diarias. Se estrenó en Valencia a finales de ese año y en Madrid se presentó el 18 de febrero de 1944, en el teatro de la Zarzuela. Con pequeñas variaciones, el espectáculo se mantuvo en cartel varios años con gran éxito. Zambra fue decisivo para la carrera de Lola Flores, un gran acontecimiento teatral y musical –copla y flamenco, fundamentalmente– muy cuidado en todos sus elementos, para el que escogieron al trío de compositores y poetas Quintero, León y Quiroga, que tenía su número culminante en La niña de Fuego y del que salió también «La Zarzamora», una de las canciones más asociadas a Lola. El éxito y la originalidad de este espectáculo venía de la combinación y superposición de diferentes mundos teatrales. El modelo técnico de producción se basaba en las representaciones de Concha Piquer al estilo estadounidense de Broadway, los contenidos musicales eran heredederos de la ópera flamenca aportados por el propio Caracol, una escenografía creada por el pintor onubense José Caballero, relativamente inspirada en la pintura simbolista de Julio Romero de Torres y sobre todo, la garra teatral de sus protagonistas, que destacaba toda la crítica. La colaboración de la pareja, que mantenían una relación más allá de lo profesional, hecho que se veía reflejado sobre los escenarios, fue muy exitosa, lo que les llevó a convertirse en sus propios empresarios. Hicieron juntos también dos películas: Embrujo (1947) y La niña de venta (1951). En 1951, se inició la separación artística y sentimental de la pareja y comenzaron a trabajar por separado. En 1951, la productora española Suevia Films deseaba consolidar un star-system propio del cine español, que tuviera su expansión hacia América. Para ello, su propietario Cesáreo González decidió a finales de 1951 contratar a Lola Flores. Firmó un acuerdo en exclusiva con Lola por tres años y cinco películas, por un importe de seis millones de pesetas; contrato que comprendía cine, televisión, teatro y también la realización de una gira por América. La rúbrica del contrato, que se llevó a cabo en el Bar Chicote de Madrid delante de las cámaras del NO-DO, supuso un gran evento publicitario. Este acuerdo le impuso a Lola un gran ritmo de trabajo con el rodaje de las nuevas películas y sus campañas de promoción. Entre esas películas se encuentran La niña de la venta, con Ramón Torrado, (1951) y ¡Ay, pena, penita, pena!, (1953), con Miguel Morayta. En total durante esa década rodó 18 películas. El 23 de abril de 1952, partía junto a su familia hacia México, donde obtuvo un gran recibimiento. Allí, el dueño de la Sala Capri inventó para ella el apodo de La Faraona. De México fue a La Habana, Río de Janeiro, Ecuador, Buenos Aires y Nueva York. Los años 50 supusieron el periodo definitivo de construcción del mito que supuso Lola Flores en la sociedad española y a nivel internacional. Con una actividad artística muy intensa, múltiples viajes por América y gran agitación en lo sentimental. En 1954, presentó en Madrid un nuevo espectáculo titulado Copla y Bandera, en el que colaboraba entre otros como cantaor Beni de Cádiz. En 1955, viajó de nuevo a México, donde rodó tres películas en un año y realizó además una gira que la llevó a Perú, Colombia, Ecuador, Cuba y Chile. A su vuelta a España, estrenó en 1957 su siguiente espectáculo: Arte Español, con Rafael Farina como cantaor. En febrero de 1960, actuó en el teatro Olympia de París. Durante esa década siguió presentando nuevos espectáculos y frecuentando los platós
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